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Conociendo a Grandal

A Grandal no lo conocí en persona, nunca coincidimos en los espacios de interés con foco en la fotografía. Sin embargo, tuve referencias -buenas referencias- de colegas y amigos que reconocían y estimaban su trabajo. Otras recomendaciones -a mi entender las más significativas- llegaron de quienes aprendieron el oficio guiados por este fotógrafo cubano asentado en Venezuela desde hace muchos años. También supe que, además de los nexos afectivos, la fotografía era punto de encuentro con su esposa Gilda con quien compartió salas de exhibición y que su hija Kelly había desarrollado sensibilidad y vocación hacia el mundo de las artes, las letras y la docencia.

Por influencia y curiosidad me fui aproximando a su trabajo a través de algunas  publicaciones especializadas.

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